Para ser feliz
sólo tenía que tomarle las manos
decirle algo al oído
y hacerla reir como si jamás lo hubiera hecho.
Para ser feliz
tenía que acordarme de un otoño pasado
donde fuimos principes de un reino que se acababa
donde entre besos y caricias hablabamos de futuro
olvidarme que ya no está
y que una imagen suya baila jazz en el centro de mi alma.
Para ser feliz
tenía que ir a una guerra imposible de ganar
olvidarme que iba a morir
y besar la foto de la mujer
que aguarda mi regreso.
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