miércoles, 17 de junio de 2009

Andrada

Estaba esperando el autobús y se me acercó una hermosa rumana.
Las mujeres no se acercan muy a menudo. No sólo a mí.
Tampoco al corazón, al resto de los hombres o en los paraderos de autobús.
Ya han estado ahí. Saben que no espera nada bueno.
Total que yo era un hombre al lado del autopista y, aún así, ella vino.
Entiendan que yo estaba ciertamente asombrado.
Tenía, sin buscarlo, una mujer junto a mí, hablándome no sé qué, preguntando no sé qué cosas.
Yo recuerdo que la miraba y a la vez pensaba: “Todos los hombres son hermosos en kiev cuando mueren”, un verso de desconocido que no dice en realidad eso y además no servía para nada en esas circunstancias.
Ni en otras, seguramente.
“Las mujeres de kiev son tan hermosos cuando mueren”; eso dice el verso.
Eso exactamente.
Lo malo de leer novelas y poemas -libros, en general- no es su inutilidad, es que uno los olvida.
En cambio uno jamás olvida: “cat es gato”. que dog significa perro. “Tenías -por tanto- que haber cursado rumano –me dije-, no haber leído poemas”. El rumano no es feo además.
No suena como el chino. Yo creo que soporto todos los idiomas del planeta salvo el chino.
El chino es algo horrible.
Pero volviendo a esa mujer, al poco ya no hablaba y me miraba fijamente.
Admito que la gente se me acerque, que me hable, -a mí eso no me molesta- lo malo es que después exigen que responda.
Y hablar ya no me gusta. Es así. Hay a quien no le gusta el reggeatón, la cerveza, los animales.
A mí no me gusta hablar. Ni siquiera con mujeres -mejor, con mujeres mucho menos-. Yo no sé por qué todo el mundo cree que charlar o hablar es fácil.
Resulta que no lo es. En toda mi vida pocas veces he encontrado la palabra necesaria, precisa.
Las veces que lo hice, además, no me entendió nadie. Nadie. Tampoco esa mujer, que ahora me miraba extrañada mientras yo abría la boca únicamente para decirle: “Las mujeres de rumania…." Con lo fácil que hubiera sido cogerla de la mano, saltarle simplemente al corazón,y al autobús -que venía- o al autopista y haber dejado que las ruedas del autobús nos hubieran hecho de una vez hermosos.

jueves, 11 de junio de 2009

Poema Diez

Odio esa música,
odio mirar esa ventana
y lo que hay más allá del vidrio, enfriándose con la noche.
quizás es que no hay nadie vivo en esta habitación
nada que trascienda la materia y anime esta charla entre fantasmas.

cada espacio de la habitación me devuelve a ese momento en que nos perdimos mutuamente.
las preguntas apuntan a eso:
si tú aún
lloras
al otro lado del teléfono mientras yo callo.
si tú aún sostienes la voz por sobre el silencio.
en mis oídos aún duele el auricular tan fuertemente presionado contra la cabeza
para oírte decir que. eso mismo.
que se te iba de las manos.
pero todo es ese momento en que nos perdimos mutuamente, las preguntas
apuntan al instante en que el invierno dejó de retirarse.

y así ha pasado el tiempo.

música. una ventana, una luz fría cuelga del techo
y como si mi vuelo saliera esta noche,digo, esta próxima noche, dentro de unas horas:
no sé si aparecería tu imagen a despedirme con un rostro que no me raspe la piel


ahora me voy con mi memoria vencida por la técnica
de mirar a los ojos y ver un vacío.
me voy a construir una cabeza nueva
a reconectar las neuronas con el corazón.
.