domingo, 17 de octubre de 2010

Cuando te dije adiós
aún las primeras hojas de otoño no habían caído;
nadie se percato que la mariposas disminuían
ni les preocupaba el deshielo en los nevados,
pero vos te lo tomabas todo enserio.



Cuando me fui de sus cuatro puntos cardinales
ya al norte;en su cabeza,lo socialdemócrata se había instalado
lo sé porque sus cabellos sabían a revolución.
Al este y oeste, en sus hombros
se habían instalados varias ONG
Y al sur, entre sus recovecos proclamaba un Hábeas corpus.


Tal vez si me hubiera quedado,
si hubiera cambiado de ideología.
Es que ella aspiraba a ser Noruega
y yo me asustaba porque pense en sus barcos balleneros
temía por nuestra ballena azul.


Fue así que otoño llego en primavera
mientras se estrenaba el Profeta:
te dije que cuando lleguemos a casa
ibamos a ver Sur mes lévres(Jaques Audiard)
pero preferistes ver el documental de Al Gore
y comprendi eso de la verdad incómoda.
Talvez si hubiese sido alguno de
hubiera soportado ese frio en sus labios.
Pero no.Yo era un reptil
y necesitaba el calor del medio para sobrevivir.
Necesitaba posarme en la piel de su espalda
calentarme , así,despacito.


Cuando te dije adiós
no lo hice con palabras
lo hice con la desesperación de un animal atrapado,
con la sed de los desiertos y con la fe en los talones.
Recuerdo que fue en abril
cuando corría el rumor de un fraude;
sus oídos saltaron,saco su espada y se puso en pie de lucha.

Tal vez cuando se canse de marchar en contra del capitalismo
cuando un mil novecientos ochenta y nueve llegue a su muro
se dará cuenta que tan solo lucraron con tus ideales.
Entonces,saldrá de su casa,parará un taxi
subirá las escaleras y tocará mi puerta con desesperación
y al verme se dará cuenta que dejo algo de abril en mi corazón.

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